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martes, 24 de mayo de 2016

La enferma de Montecillo

Hace un tiempo llegó a mi conocimiento un hecho médico un tanto extraño, al que no le encontraba explicación posible, ni yo ni otra mucha más gente.

Como tengo varios amigos con el gusanillo de encontrar explicación a las cosas, me enteré, de manera fortuita, del  tema que estaban tratando. Y casi me vi inmiscuida dentro de el, llegando incluso a participar de algún que otro dato de los que iban floreciendo.

El tema al que me refiero es el de una muchacha de la cual se tenia noticias de que había sido capaz de sobrevivir largos años sin ingerir alimento alguno. Estoy hablando de Amalia Baranda. 
Cuando pensamos en estar un solo día sin comer, nos entran vahídos pensando como tiene que ser eso.  Quizá por ese motivo este tema llama tanto la atención.
No puede caber en nuestro entendimiento como una persona puede sobrevivir sin que entre en su cuerpo nada sólido, y muy poco liquido.


Amalia Baranda nació en 1896, en Quintanilla de los Prados, provincia de Burgos, pero a los 13 años se traslada a vivir a Montecillo de Montija, también en Burgos. 

Su existencia es la de una niña de pueblo, tranquila, hasta que algo empieza a bullir dentro de ella.

A los 22 años se marcha a vivir o a "servir" con un tío cura, y es a partir de entonces, cuando comienza a enfermar. 

Desde ese momento, y sin saber nadie el porque, su cuerpo no admite ningún alimento.

El primer diagnóstico, como no podía ser de otra forma, sería el histerismo. 

Le siguieron diagnósticos varios, visitas de médicos a su casa, pero también traslados de ella a ver a otros médicos, a ser estudiada ella y su enfermedad.

Todos eran unánimes en pensar que, de un momento a otro, Amalia moriría, ya que era imposible que su cuerpo se alimentase de la nada, pero, inexplicablemente, seguía en este mundo.


Su casa era un peregrinar de gentes que acudían no se sabe muy bien si, a acompañarla, a curiosear o a que. Lo que está claro es que nadie se explicaba el hecho de que pudiera vivir sin comer.

Parece ser que su cuerpo solo admitía la sagrada comunión. Aunque, como suele ocurrir en estos casos, había quien albergaba la sospecha de que comía a escondidas, y que su familia participaba del engaño.

Después de diez y ocho años de ayuno, en los cuales fue conocida como  "La enferma de Montecillo", Amalia Baranda falleció en 1936.



No quisiera destripar el tema, aportando mas detalles, ya que, el episodio al que hago mención ha sido recogido en un libro que, precisamente ahora, ve la luz.

Una de las personas que han estado investigando el presente caso es Juan José  López Nuñez, y, es precisamente el, quien presenta su trabajo en forma de libro.

Pero no es un libro cualquiera. Se trata de un libro de esos que enganchan, una historia que enamora. 
A pesar de ser un libro de investigación pura y dura, presenta una forma de escribir y de vivirlo, con una sensibilidad tan grande, que pareciera que fuese el propio escritor quien lo hubiese padecido.

Por ese motivo no me queda mas remedio que hacer propaganda de el, y recomendarlo, no solo encarecidamente, sino casi, casi, con receta medica. 

Se trata de "La pregunta número siete". Os prometo que no os defraudará.

Y, para que vayáis haciendo boca os dejo el prólogo del libro. Quien mejor para escribirlo que Julio Corral.

Siempre es difícil enfrentarse a una página en blanco y encontrar las palabras con que comenzar. Por más que se empeñe el autor, no me considero la persona adecuada para hacerlo, pero he de reconocer que prologar este libro es un orgullo, máxime, cuando está escrito por un amigo y he tenido la oportunidad de vivir muy de cerca el proceso de investigación.

Estoy acostumbrado a investigar y profundizar en un tema. Soy un curioso y dedico todo el tiempo que las obligaciones del día a día me permiten, a sumergirme en archivos y hemerotecas. Es una afición gratificante, pero transformar todos esos datos en palabras y convertirlo en un libro como el que ahora mismo tiene el lector en sus manos, precisa de algo que solo está al alcance de unos pocos privilegiados, como Juanjo.

Como suele ocurrir con las grandes cosas, la casualidad tuvo mucho que ver en el descubrimiento de esta historia. En un principio fui yo quien solicitó su colaboración para un programa de radio en el que se trataría el tema de la anorexia mística. Entonces Juanjo me habló de Amalia Baranda; un caso que principio no parecía ser más que una simple curiosidad médica sin recorrido.

Después, vinieron los momentos de ilusión y esperanza cada vez que se encontraba un nuevo documento, una pista, una fotografía o un testimonio que pudiera aportar algo de luz.

También para la incredulidad ante el olvido al que la ciencia médica ha condenado el que probablemente sea el expediente más enigmático con el que se ha tenido que enfrentar en España.

Y por qué no decirlo… quizás un punto de obsesión, como si Amalia manipulase las circunstancias y quisiera evitar desde el más allá, que la desidia se apoderara de él, pues en una investigación tan intensa, es lógico que hubiera ocasiones en las que sintiera la desgana de no poder avanzar más.

Pero sobre todo, lo más importante ha sido que pese a que la historia ha ocultado la vida de esta mujer, por no poder comprender ni explicar lo que aconteció en ella, haya quien no se ha dejado intimidar y se ha enfrentado a lo que la lógica nos dice que es imposible que ocurra.

Comprendo que quien se acerque a este tema por primera vez se muestre escéptico. Nadie en su sano juicio aceptaría sin más que alguien pueda sobrevivir a las circunstancias que se dan en la enferma de Montecillo. Pero no se trata de lo que creamos cada uno de nosotros, sino de lo que las pruebas nos mostrarán a lo largo de las próximas páginas.

No solo encontraremos datos. Ha existido una implicación del autor que va más allá del estudio y el análisis de la documentación. Quiso conocer personalmente los lugares donde se desarrollaron los hechos, buscando cualquier detalle, por insignificante que pudiera parecer, para comprender mejor lo que rodeó a esta mujer, e incluso conocer el testimonio de los que tuvieron la oportunidad de tratar personalmente con la enferma.

Se hace patente la empatía que Juanjo ha llegado a sentir, aunque esto no impide que se haya enfrentado a la historia con rigor. Al contrario; cuando se ofrecía la oportunidad, no ha tenido inconveniente en abrir vías de investigación que pusieran en duda alguno de los aspectos o permitiera explicaciones más ortodoxas. No tengo ninguna duda en que se ha hecho cuanto ha estado al alcance del autor por desvelar hasta el más mínimo detalle, y que todo está plasmado en las páginas de este libro.

Ahora ha llegado el momento de adentrarse en la vida de Amalia Baranda y que cada lector haga su propio análisis y valoración. No dudo que habrá opiniones para todos los gustos, pero a nadie le dejará indiferente una mujer que, más allá de sus condiciones médicas, atraía por su personalidad y fortaleza.

He de reconocerlo… Amalia Baranda ha dejado de ser un caso inexplicable para ser una amiga. Esa es su magia.
Y ahora, querido lector, te toca a ti inmiscuirte en esta apasionante historia.

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

2 comentarios:

  1. Excelente trabajo de investigación y recopilación de datos,el misterio de la enferma y la narrativa del libro,te llevan a no poder dejar de leer,la razón nos lleva a dudar de lo expusesto, pero los hechos y datos contrastados desafían a la lógica humana,como conciliar los dos aspectos,supone un reto para el lector,yo tengo mi opinión,pero se la trasladaré en persona a Juanjo,autor del libro,felicitaciones por el excelente trabajo y nos vemos en la presentación.Fran.

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