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miércoles, 14 de septiembre de 2016

El Eguzkilore. Contra las brujas

Los temas relacionados con las brujas siempre atraen, el que existan o no, no voy a cuestionarlo, ya que hay muchas maneras de definirlas (o definirlos).

Cuando nos referimos a las brujas que sanan con su sabiduría ancestral, que curan desde un dolor de muelas, pasando por el descalabro de un hueso o unas anginas, todos albergamos sentimientos de cariño hacia ellas. Pero cuando entramos en terrenos fangosos, cuando hablamos de brujería mala, para hacer daño, todos, de una u otra manera, nos sentimos mal y evitamos hablar del tema, o cruzamos los dedos.
En el norte de España, y más en concreto en la zona de Euzkadi y Navarra tenemos nuestros propios métodos para librarnos de los hechizos de las brujas y otros seres maléficos. Uno de ellos, y quizá el gran desconocido para los que no son de aquí, es la utilización de una planta llamada Eguzkilore. Gracias a su influjo las brujas no osan entrar en nuestras casas.

Siempre se coloca en la puerta de la casa, arriba, en el dintel. Generalmente, durante la noche de San Juan o en Nochevieja para inaugurar una nueva época, y de esa manera librar a los habitantes de la casa de la influencia de los malos espíritus.

Esta planta es perenne presentando un tallo rígido y reducido. Crece  a ras del suelo,  brotando en forma de roseta. Tiene  hojas recortadas, parecidas a las del cardo. La cabeza floral se encuentra en el centro de la misma roseta. No se marchita, manteniendo casi su aspecto original. Dicha roseta se abre cuando brilla el Sol.


El Eguzkilore tiene su propia leyenda

Antes de todos los tiempos, cuando en la tierra solo existía la humanidad, todo estaba oscuro, ni el sol ni la luna habitaban el firmamento, y permanecían temerosos, al acecho de los seres a los que consideraban sus enemigos, duendes, dragones, toros voladores y brujas.

Tal era su ansiedad y su obsesión, que, por fin, se atrevieron a pedir a la madre tierra que les ayudara y les protegiera de tales peligros. Ella estaba muy ocupada y no les escuchaba, pero, insistieron tanto, que un día les dijo ya que me pedís que os ayude voy a crear un ser luminoso, que os de luz y os quite el miedo, se llamará Luna. Y así lo hizo, creó la luna.

Al principio les produjo todavía mas miedo del que tenían, pues estaban acostumbrados a vivir en total oscuridad. 
Pero, tan atemorizados como ellos, estaban los otros seres, aunque se acostumbraron rápidamente a esa cosa luminosa y de nuevo empezaron a molestar a  los humanos.

Así que, de nuevo, acudieron a rogar a Ama Lur (la madre tierra), diciéndole que estaban muy agradecidos por el regalo que les había concedido, pero que necesitaban algo mas poderoso que les librase de los genios. De este modo, la madre tierra accedió, y les dio el Sol a z que les dijo: el Sol será el día y la Luna la noche.

Los humanos no podían acostumbrarse, el Sol producía demasiada luz y mucho calor, así que tuvieron que acostumbrarse poco a poco, pero, a la vez, vieron con alegría que crecían las plantas y todo se llenaba de colores y de frutos, y lo mejor de todo era que los genios no se acostumbraban a esa claridad del día y solo podían salir por la noche.

Por fin, durante el día ya no tenían problemas, pero por la noche los genios campaban a sus anchas, así que, de nuevo, fueron a pedirle a la Madre algo que les amparase del acoso nocturno.

Ella les dijo, esta vez voy a crear una flor tan bonita y tan brillante, que cuando la vean los seres de la noche van a pensar que es el propio sol, así os dejarán tranquilos.
De esta manera la Tierra creó el Eguzkilore (La Flor del Sol) para protejer a la humanidads de los malos espíritus, de los brujos, de los genios, pero también de la tempestad y del rayo.



La leyenda, como todas las leyendas, ha evolucionado. Lo mejor era tener el Eguzkilore a la entrada de nuestras moradas, y asi estaríamos protegidos. Cuando uno de los seres malignos  llegara a una puerta donde tenían colgado un Eguzkilore, tenía que pararse para contar cada una de las hojas y los pelos de la flor, y tiene tantas que, contando contando, llegaría el amanecer y no le quedaría  más remedio que marcharse, pues no toleran la luz del sol

De la misma manera, también nos libraría de las malignas  lamias. Ellas aprovechan la negrura de la noche para acudir a las casas de los humanos y robar a los niños. 
Pero al encontrarse con un Eguzkilore tienen que contar los pétalos y las espinas, y como tiene tantos, y se dice que no son muy buenas con los números, al llegar el sol seguro que no han descubierto cuantos tiene.

Pero pasemos a la parte botánica. El nombre científico es Carlina Acanthifolia, aunque, como ya he comentado, se le conoce  como “ Eguzkilore “ Eguzki = sol , Lore = flor; Flor del Sol .
Es una planta bienal, espinosa, semejante al cardo, con el tallo rígido que alcanza los 3 dm de altura. 

Hojas recortadas y espinosas, lobuladas con involucro hemisférico y brácteas punzantes, las basales en una ancha roseta, prácticamente lampiñas. 

El capítulo llega hasta 8-13 cm de diámetro, sus brácteas más internas, patentes y mucho más largas que los flósculos se asemejan a lígulas blancas plateadas; los flósculos del disco varían de blanquecinos a rojizos. (Wikipedia).

Etimológicamente Carlina es el  nombre genérico que, según cuenta la leyenda, le enseñaron los ángeles a Carlomagno, también le enseñaron como debía emplearla (refiriéndose a Carlina acaulis) contra la peste, y  así libró a sus huestes de ella. A la planta se nombró así en su honor.
Más tarde la leyenda cambiaría Carlomagno por Carlos I de España. 
Linneo se basaría  en esta «interpretación»  para nombrar al género. 


El Eguzkilore tiene propiedades curativas, antibióticas, y el aceite que se destila de su raíz, con un olor agradable contiene algunos elementos que se utilizan para el tratamiento de la piel, como acné o eccema.

También parece que se utilizó, en tiempos, para crear agua destilada a la que se atribuían propiedades afrodisíacas.

Pero no debemos  olvidar que es toxica a grandes dosis.
Como resumen, recordar que la planta es bonita, difícil de recoger y, sobretodo,  que hay que ser respetuosos con la naturaleza… El que tenga oídos que oiga…

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

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