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viernes, 16 de enero de 2015

El parque de los desvelados

"Quería hacer de su vida un homenaje a la muerte, y encontró cómo la muerte le homenajeó de la manera, que seguramente él, había esperado, incluso deseado."

En Estella, en un lugar conocido como el término de san Lorenzo. Rodeado de terrenos plagados de vida, de huertas, de productos regalados por la tierra, existe un parque llamado de los desvelados, también conocido como las calaveras.


(Debido a su fuerza visual, se hace necesaria la inclusión de mucho material gráfico)

 Un parque dedicado a la muerte

Un 24 de diciembre de 1927 nació en Melilla  Luis García Vidal, el artífice de “El parque de los desvelados”.

Cuando tenía catorce años sintió la llamada de la escultura y fué a vivir a Madrid, poniéndose bajo el amparo de Mariano Benlliure i Gil.

Años mas tarde, y como gran bohemio que era, marchó a Paris, y fue allí donde conoció a la que mas tarde seria su esposa, una muchacha de Estella.

Y fue en Estella donde comenzó a construir el parque de las calaveras en 1971, ya que en dicho año se instalaron en dicha ciudad. En ella habitó 37 años.

Durante los siguientes años Luis alternaba los veranos en Paris, donde se dedicaba a hacer retratos, mientras que  los inviernos los pasaba en Estella, trabajando en su parque.

Aunque los últimos años de su vida venia a Estella él solo, mientras la familia permanecía en Paris.

Comienza a construir varias esculturas, calaveras de gran tamaño, hechas con  palos de un arbusto típico de Estella, llamado Zumaque, y “cosidas” con malla conejera y malla mosquitera, después las pinta con cal.


Una de las tradiciones mas inculcadas en la cultura de nuestro país, es la del culto a la muerte, el respeto que se les tiene a los difuntos.

Sin embargo la muerte es un tema tabú, un tema del que procura apartarse a los niños, como si fuera algo que no va con ellos. Como si no hablar de la muerte fuera el pasaporte que nos lleva a la inmortalidad.

La muerte es lo único que sabemos que nos va a acaecer a todos, no sabemos al nacer como seremos, que estudiaremos, como se desarrollará nuestra vida, sin embargo, todos sabemos que vamos a morir, aunque queramos quitarlo de la cabeza, como si olvidarnos de su existencia nos hiciera vivir mas.
Y precisamente era esto lo que Luís García Vidal quería mostrar con su original parque.

 
De ahí el nombre de “Parque de los desvelados”. 

Él mismo comentaba: “Son calaveras desveladas, se están levantando de la tierra, se están despertando”.

Con ello quería demostrar que las calaveras deben de estar desveladas, deben mostrarse para mostrar la realidad, para enseñar que la vida lleva irremediablemente a la muerte.

Y así, con este parque, encontró la manera de anticiparse a ella: quiso que la muerte se viera, por eso quiso hacerla muy grande, por eso sus esculturas eran enormes.

En sus mejores años, cuando se dedicaba plenamente a ellas, tenía construidos verdaderos colosos. Alguna llegó a medir tres metros de altura.

Nada mas entrar al parque, a la izquierda, encontramos una gran calavera tumbada. En el interior de ésta, precisamente, él quería que se le depositase cuando muriera. Decía que quería ser como los faraones, y, que a su muerte se le dejase alli.

Como curiosidad, decir, que ésta calavera está erigida en homenaje a su hermano que murió de cáncer.

Al principio había muchas mas calaveras que las que se pueden contemplar ahora.

Algunas con los brazos en alto, una tapada por la maleza, incrustada en la piedra, que miraba aterrada al cielo y tenia una perfecta dentadura, un esqueleto tumbado al que no le faltaban incluso los dedos.

  
Cada año comenzaba una obra nueva, pero tenía que remodelar las anteriores, por que se iban deteriorando con las inclemencias del tiempo, pero también por el abandono de un ayuntamiento que no le comprendió y por la desidia y las gamberradas de muchos jóvenes que incluso pasaban por encima de ellas con sus motos.

Contaba con tristeza como incluso un pastor metía las ovejas en el parque y otro soltaba sus caballos, sin tener en cuenta que la propiedad era de Luis.

También se quejaba de que le robaban una cajeta que tenia para donativos para comprar las mallas y la cal, ni eso le respetaban. Cierto que el terreno siempre está abierto, aunque sea una finca particular. Ese es el motivo por el que el ayuntamiento no quería saber nada del lugar, pero a Luis García no le importaba que la gente pasase, incluso se hiciera fotos.

Luis García Vidal estaba obsesionado con la muerte. No solo realizó las construcciones de las calaveras, sino que mas adelante empezó a llenar el parque con más objetos.
Comenzó con una serie de coches que habían sufrido accidentes.



En uno de ellos, subido en una plataforma, puede leerse: «A la muerte le gustan los coches».









Mas allá, debajo de una pequeña loma, encontramos dos coches destrozados, en éste colocó irónicamente el cartel que dice: «No solamente causa el alcohol los accidentes en la carretera; también cuando se conduce con la izquierda, y con la derecha le toca los muslos a la amiga».






Otra de las cosas que llama la atención es  una silleta de niño destrozada, al lado de la cual, un cartel reza: «Cuando sea mayor seré futbolista, si el destino quiere». Aunque el propio Luis comentó que quería cambiar la frase por: “Mi hijo será futbolista, si el destino quiere”.




Al final de esos años, Luis García todavía tenía en proyecto aumentar el parque con más objetos, con más alegorías a la muerte.

También se le pasaban por la cabeza los accidentes de avión, así, que por ello  comentaba, que quería construir un avión enorme, estrellado y lleno de calaveras, tenia en mente llamarle “Air Cementerio” o “Air osario”.

Pero todo se quedó en un proyecto…

Un 26 de junio de 2008, apareció en el diario de Navarra una noticia luctuosa. En ella se desvelaba si el cadáver que el fin de semana anterior había aparecido en el río Ega, a su paso por el paseo de los Llanos de Estella, correspondía al escultor estellés, que entonces contaba con 81 años de edad.

Se desprendía de los datos que el cadáver podría llevar un mes en el agua, dado el avanzado estado de descomposición.

En principio se barajó que el cuerpo correspondía a un varón de entre 60 y 80 años.

La familia había denunciado su desaparición tres meses antes, y accedía a someterse a las correspondientes pruebas de ADN.

También comentaba la noticia que, en las cuentas bancarias de Luis García Vidal, no se habían producido movimientos desde su desaparición.
Así terminó la vida de Luis García Vidal, el escultor del “Parque de los desvelados”.

Quiero creer que fué feliz a lo largo de su existencia, y que murió de una manera acorde a la forma que había tenido de vivir sus 81 años.

No conozco a nadie que, siendo de Estella, o vinculado a ella, no haya visitado “Las Calaveras” al menos una vez en su vida.



Quizá fuese un incomprendido para las instituciones, pero para los habitantes de Estella  fue un vecino querido y admirado.

Siempre quedará en mi recuerdo su amabilidad, su arte y su forma de ver la vida a través de la muerte.

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*




8 comentarios:

  1. Fantástico! Un lugar que tengo que visitar.

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  2. Claro, Germán, cuando quieras. Ademas lo tienes bien cerca!!!

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  3. Recuerdo que visitamos las calaveras en 1993 en una excursión de tres días que realizamos en séptimo de egb y nos alojamos en un camping que hay a las afueras de Estella. Siento que su obra no se esté protegiendo cómo se merece y que su autor tuviese ese trágico final

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    1. Totalmente de acuerdo contigo.A ver si hacen algo para mantenerlo.
      Gracias por leerlo y opinar

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  4. Respuestas
    1. Así es. No hay muchos como el con esa sensibilidad tan especial.

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