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lunes, 11 de agosto de 2014

La morgue

El teléfono comenzó a sonar estrepitosamente y ella, de un salto,  fue a contestar.

En el camino se dio un golpe en la cabeza, pero sin mayor importancia. Alcanzó el teléfono y una voz amable, pero áspera, le comunico que creían que su amigo Ron había sufrido un accidente fatal y estaba en la morgue a la espera de ser identificado.
No podía creer lo que estaba escuchando, Ron era una persona muy tranquilo, abstenio y muy cauto al volante. Se vistió rápidamente y salió hacia el depósito de cadáveres.

Se encontró en medio de un largo pasillo, como en un sueño, era un pasillo interminable y desvencijado, puertas viejas y desconchadas. Apoyados en las paredes, se encontraban un sin numero  de personas extrañas, con las ropas desgarradas y con heridas, o en estado similar a la descomposición, incluso olía bastante a putrefacción.

Movió la cabeza y puso los ojos en blanco, dando por hecho que era una visión debida a los acontecimientos y al golpe que había recibido al ir a contestar la llamada.

Llegó a duras penas a la puerta indicada, allí donde le habían dicho que se encontraba  depositado el cadáver de su amigo.

En aquel lugar le explicaron que había chocado contra un árbol y que su coche circulaba a gran velocidad. No podía creerlo, conociendo como era el, pero era innegable, ese era el cuerpo maltrecho y sin vida de su amigo.

Tras los trámites pertinentes se dispuso a regresar a  casa, y, al atravesar de nuevo el pasillo, aquellos seres le miraron y le susurraron al unísono un “hasta pronto”. 

Se diría que nadie mas que ella era capaz de verlos y escucharlos.

Le dolía la cabeza, no estaba segura si del golpe o la impresión por la que acababa de pasar, se dispuso a tomar un analgésico y se tumbó en la cama.

No había pasado ni media hora cuando creyó escuchar ruidos desconocidos. No quería abrir  los ojos, le dolía mucho la cabeza y le embargaba una mezcla de pena y desconcierto.

Al final hizo acopio de fuerza, se levantó y salió al pasillo, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, allí estaban, aquellos seres que había visto en la morgue, apoyados en las paredes de su apartamento.


Perpleja, y con el terror instalado en su cuerpo, les preguntó con un hilo de vez sobre quienes eran y que querían de ella.


Se reían y deambulaban de un lado a otro de la casa, dejando a su paso todo manchado de sangre y un olor nauseabundo.


Somos no vivos-no muertos, le contestaron al unísono, no estamos ni aquí ni allá, solo tu puedes vernos, así que  no te molestes en avisar a nadie.

Y, ahora, precisamos de tu ayuda. Para que uno de nosotros traspase el umbral necesitamos que tú te suicides. Y no es un ruego, es una orden.

Se sintió rodeada, empezó a vomitar y marearse, no podía soportar la presencia de aquellos seres y mucho menos el olor que desprendían en sus movimientos. Iba dando tumbos por todas las estancias  y ellos le seguían allá donde fuera, zumbándole en el oído palabras que le mareaban todavía más.

¿¿Entonces…. Ron?? Acertó a decir. ¡¡Eso es, le espetaron eso es!! lo has comprendido, y no olvides que  te estamos esperando.

Estaba aterrorizada, jamás había sufrido una pesadilla de ese calibre. Se sentía flotando y rogaba al cielo que fuera capaz de despertarse, no lo soportaba mas. No era capaz de discernir, ni tiempo, ni lugar, nada de nada. Solo veía manchas rojas allá donde miraba, y por un momento llegó a pensar que se estaba volviendo loca.  
No entendía como lo acontecido podía haber minado su salud mental de aquella manera.

O tu o nosotros le dijeron, acercándose a ella, y depositando en sus manos un enorme cuchillo.

¡¡Córtate las venas!!...  ¡¡Ahora!! ... ¡¡Vamos!!... ¡¡Se termina el tiempo!!.

Estaba paralizada se sentía incapaz de respirar, le faltaba el aire y comenzaba a ver borroso, oía voces lejanas, como si fuese a perder el conocimiento de un momento a otro.

De repente vio como sus manos cobraban vida propia y…. Cortaban sus venas…

Se les quedó mirando… sonreían, afirmaban con la cabeza…. Todo se volvió rojo…

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

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