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jueves, 24 de julio de 2014

La extraña inquilina

Hoy le habían encomendado una casa en la parte alta de la ciudad, el barrio mas antiguo. 
Conforme se iba aproximando, el cielo se hundía en la mas profunda oscuridad, el empedrado de las calles se iba tragando a los transeúntes, y un olor a salobre y orines se iba adueñando de cada rincón de sus callejuelas. 
Todo el ambiente estaba sumido en un ruido monótono de riquiracas, de sonidos indescriptibles como si  mil alimañas estuvieran al acecho, preparadas para engancharse, cual garrapatas, en el cuello de cualquier victima que tuviera la osadía de adentrarse por aquellos callizos.
Llegó al portal indicado, y la primera vaharada hacia su rostro fue bestial, aquello, que no era ni por asomo humano, le tiró para atrás y, a punto estuvo de alejarse, pero no podía.  
Tenia que atender a la  mujer, diagnosticada de una grave  enfermedad infecciosa y altamente contagiosa desde hacia poco mas de medio año, y con tal grado de abandono en su vida y en su persona, que tendrían que hacerse cargo de ella allí en su morada, o moriría contemplándose a si misma, sin ningún tipo de sentimiento.

Las autoridades nada podían hacer ya por ella, habían agotado todos los recursos, habían intentado evacuarla y llevarla a un centro especializado. Pero nada podían hacer para evitar ese grado de abandono decretado por los suyos. Un clan antiguo, de otras tierras, otras costumbres. Quizá, quien sabe, de otras dimensiones.

Todos los esfuerzos iniciados por intentar aislarla de ese cubículo infesto, habían sido en vano, una fuerza sobrenatural impedía que pudieran trasladarla más allá de la puerta de la estancia, o casi seria mejor decir su celda.

Hizo acopio de todo su valor, se colocó una mascarilla, y, presa de un miedo inenarrable, comenzó a subir las escaleras, ya en el primer escalón tropezó, echó mano a la barandilla, y en ese mismo instante su mano quedó literalmente pegada a la mugre que cubría todo, una capa de polvo, grasa, telarañas y un cúmulo de porquería que no podía describirse.
Tuvo un amago de vómito, aspiró intentando no oler aquello que pugnaba por entrar por sus orificios nasales e intentó seguir subiendo.

Aquello, mas que una escalera, parecía una cueva habitada por toda clase de seres salidos de la basura, de pronto, fue consciente de que decenas de ojos estaban fijos en ella. eran eso, ojos, solo ojos, flotando en el aire, ahogó un grito, y a punto estuvo  de  salir corriendo. 
Pero se paró en seco, intentó guardar la calma y pensar. Aunque se sentía incapaz de discernir a que tipo de alimañas se estaba enfrentando.
Estaban por todas partes, en las paredes, en el techo, en el suelo. 
De pronto escuchó un chirrido grave que le dañó los oídos. Adivinó que debía haber pisado a alguno de aquellos seres.

Cuando estaba estudiando no le habían preparado para esta clase de situaciones. Se suponía que debía llegar directamente al enfermo y dedicarle el cuidado pertinente, pero este tipo de preámbulos estaba fuera de guión.

Se mentalizó de que tenía que subir, huir le supondría una sanción, o, peor aún, el despido.
No podía comprender como le habían enviado sola a semejante infierno, subió un tercer escalón, un cuarto, otro mas. De repente, todo permanecía en tal silencio, que sentía pavor, se sentía observada. 
Reinaba un olor nauseabundo que no podía comparar con nada, y lo mas terrible de todo es que empezó a notar un aliento en la nuca.
La histeria empezaba a hacer acto de presencia, casi prefería la presencia de esos seres , los chillidos y los ojos que le miraban. Al menos tenia algo a lo que temer, lo veía, lo oía.  Pero esto, fuera lo que fuera, solo lo presentía. Y, además, se encontraba en medio de un silencio maldito y profundo.

Decidió seguir subiendo, y, al apoyar el pie en el rellano, todo se vino abajo en medio de un estruendo apocalíptico. 
Y allí se  vio rodeada de polvo, escombro, madera y hierros oxidados.

No veía nada, pero fue consciente de que un ejército de seres desconocidos estaban sobrevolando por encima de ella. Le pisoteaban, y sobre su cabeza llovían babas, sudor repugnante, gotas de grasa, polvo, y mas polvo.
Acertó a abrir por un instante los ojos y se encontró ante ella a una criatura que pudiera haber sido una niña, tenia el  pelo de auténtica paja, y los ojos sangrientos.
Con el más profundos de los odios en la mirada se le quedó mirando y de su boca, con una ronca voz, salieron unas palabras en las ella creyó escuchar algo como ¡¡¡NO... OS ... LA ... VAIS ... A ... LLEVAR!!!.
Nada mas pronunciar ese sonido, la niña saltó por encima de ella, en una pirueta irreal y estalló en el aire llenando todo de sangre.

Cuando quiso reaccionar y fue a levantarse, todo lo que vio fueron criaturas similares a duendes, a arañas, a murciélagos, pequeñas y deformes. 
De sus bocas pendían sangre y vísceras.  
Fueron saliendo volando, una a una, y el edificio… se vino abajo.

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*


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