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jueves, 24 de julio de 2014

El sueño de las hormigas

Era una de aquellas noches en las que llegar al borde de la cama suponía un esfuerzo sobrehumano.
                       
El día había sido intenso y agotador. Esta investigación le tenia cada vez mas horas retenida en el laboratorio, desde el alba hasta el momento en que la última estrella ocupaba su lugar en el firmamento. Menos mal, pensó para si, que en estos momentos su vida transcurría en soledad, de lo contrario su misión hubiera sido del todo imposible.

Hoy había decidido no acudir a  dormir a su apartamento, y quedarse en el sofá que tenia preparado en su cubículo para casos como el de ésta noche, en que las fuerzas le impedían dar un solo paso mas. Los últimos descubrimientos le tenían totalmente absorbida, pero algo le hacía presagiar que pronto daría con la ansiada clave que llevaba buscando desde medio año atrás.
Se quedó mirando fijamente a una polilla nocturna que se encontraba empecinada en querer salir al jardín Y, a pesar de estar la ventana entreabierta, una y otra vez profería a estamparse, cada vez con mas fuerza, contra el cristal, justo en aquel lugar en el que se reflejaba la luz mortecina de una farola. 
Desde su sofá la miraba sonriendo de manera idiota y percatándose de que en cada envite iba perdiendo un trozo de su pequeño y maltrecho cuerpo.

De pronto sintió un enorme cansancio, estaba agotada y se dejó llevar.
Las piernas le pesaban sobremanera, la cabeza le daba vueltas, y, tanto las manos como los brazos, caían pesadamente a los lados de su cuerpo, pero al mismo tiempo se sentía feliz. 
Era consciente de lo que iba a sucederle, al igual que cuando era adolescente y estaba tan cansada, que no lograba conciliar el sueño por culpa del propio agotamiento. 
En aquel entonces ideó una estratagema que siempre le funcionaba, imaginaba que una multitud de hormigas comenzaban a subir desde los dedos de sus pies invadiendo poco a poco su cuerpo, todo ello de forma extremadamente lenta, de manera que era capaz de controlar y de hacer que sus miembros quedasen adormilados lentamente. 
El truco consistía en no moverse en absoluto, si se había movido lo mas mínimo, comenzaba de nuevo a imaginar el proceso desde el principio, desde la punta de los pies.
La sensación de permanecer totalmente paralizada era realmente placentera, experimentar como los pies, las piernas iban quedando sin peso… como flotando. Cuando ya alcanzaba esa sensación de ingravidez, comenzaba con los dedos de las manos, las manos, los antebrazos… los brazos…. sentirlos como si estuvieran suspendidos en el aire, sin notar ni tan siquiera la ropa… adivinarlos fríos… desnudos… liberados…. Procedía  entonces a avanzar por las piernas… despacio… los muslos… la cadera… el vientre… el pecho…

Ahora mismo estaba utilizando ese método del cual se sentía orgullosa, y, mientras iba durmiendo poco a poco su cuerpo, sonreía, consciente de que, normalmente, al alcanzar el cuello, quedaba dormida… no necesitaba dormir su cabeza.

Siguió avanzando… viendo en su imaginación como las hormigas iban alcanzando su conquista, iban ocupando poco a poco su cuerpo… lentamente… regodeándose en la forma de conseguirlo.
Era tal la pericia alcanzada, que siempre, un instante antes de quedarse dormida, sabia que había llegado el momento y para sus adentros se decía ya!!!, ya estoy dormida!!

Ésta era una de esas ocasiones y estaba saboreando el momento, esperando paladear el instante, hasta parecía oírlas, sentía como le chupaban,….le invadían literalmente… se regodeaba. 
Incluso, imaginaba  que su propio cuerpo les estaba sirviendo de alimento,  las olía, sentía un olor acre, nuevo, especial, aquello era diferente, pensaba que hoy el agotamiento había hecho mella a su antojo en su cuerpo, pero también en su mente.
Las seguía escuchando como si fuese una nueva melodía que ella estaba inventando, acompasada… como un zumbido que le ayudaba a penetrar mas profundamente en ese estado de alejamiento total de todo lo que le rodeaba… las sentía y  oía el ruido característico de los insectos devorando  su comida.
Del mismo modo que cuando se quedaba horas observando a los insectos, estudiándolos, se metía tanto en su mundo, que ella se creía capaz de inmiscuirse en su mente y pensar como ellos, imaginaba hasta la forma en la que aquellas pequeñas mandíbulas estaban haciendo fuerza en la labor de devorar sin parar… sin sentido
Se afanaba en concentrarse de tal forma que era capaz de escuchar a los animales comiéndole, sentía algo especial, y al tiempo placentero… como si alguien estuviera acariciándole, haciéndole cosquillas con una pluma buscando su relajación… 
sonreía, … todo controlado… estoy cerca…  muy cerca, se decía…. ya están en el cuello… por un instante escuchó como la polilla seguía con su Juego-Suicidio…, volvió a sonreír…. 
Ya… llegó el momento. ya estoy dormida…

En un momento de lucidez abrió los ojos, y, por un instante, pensó que estaba viviendo una terrible pesadilla. Intentó levantarse, pero no podía, intentó mover las manos… los pies… era capaz de oír, pero nada mas… 
Estaba paralizada…. se trataba de un ataque de parálisis nocturna?.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano logró elevar levemente la cabeza y no sabia si gritar llorar, o vomitar… 
¡Era imposible!… una legión de hormigas había invadido su cuerpo, y ¡la estaban devorando!
Se veían los órganos internos, los huesos, pero no la piel ni la carne. Intentó un último esfuerzo, y de repente solo sintió como la polilla se estampaba contra su cara….
A la mañana siguiente, cuando llegaron sus compañeros, presas del pánico y del asco, encontraron ante si un espectáculo dantesco, un trozo de carne donde se adivinaba una cara con una sonrisa estúpida,  y en medio una polilla … todo acompañado de un amasijo de sangre y hormigas….

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

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